martes, 12 de abril de 2011

Perdimos el tren (el desenlace)

03:29

Y allí estaba, besándole, porque será perfectito, y un chulo, y no es loco, pero es muy guapo, y es sincero, y me quiere. A lo mejor no es el tipo que había imaginado para mí, pero le quiero yo también, y si algo he hecho mal este tiempo ha sido intentar cambiarle.

Porque yo sé que a Simón nunca se le dieron bien los discursos, que eso no lo había podido pensar, que se hubiera aturullado, que eso lo ha dicho de carrerilla, porque lo siente, porque lo ha dicho con el corazón.

La verdad es que había perdido muchas cosas, pero aun así, si hago el balance creo que he ganado, porque con Simón soy feliz, Valencia es una ciudad maravillosa, y su sol me llena de vida.

Eso sí, prometo que si algún día, dejo de ser libre, si algún día al boludo de Simón se le ocurre, cortarme las alas lo más mínimo, es que lo dejo, lo abandono, me marcho a la Argentina si hace falta, lo tengo claro. Y mientras ya estaba pensando otra vez en dejarle, chilló:

-“¿Aquel no es Martín?” Y yo creí que no lo era, porque estaba en una esquina de la estación, tumbado, sucio, pero cuando volví a mirar, vi también a Sandra, y a Carlos, mis tres mejores amigos de Frankfurt.
Y fui corriendo hacia ellos, y cuando se dieron cuenta que era yo, ya me tenían encima. Estaban completamente dormidos, y juntos reímos, y chillamos, y armamos tanto escándalo, que hasta los guardias de seguridad nos llamaron la atención.

Y aunque Martín tiene muy mal despertar, casi tan malo como Sandra, no se enfadaron, porque se alegraban de verme, y allí pasamos las horas, y subimos juntos al tren, y Martín se cagó en Chávez, como siempre, y él y Carlos cantaron ballenato, y Sandra me puso al día de todos los cotilleos de Frankfurt, y me hizo reír, porque Sandra, es la andaluza que siempre me hace reír, aunque a veces no le entienda ni media palabra.

Y presenté a Simón y Carlos, que no se conocían, porque cuando Simón estuvo en Frankfurt, Carlos, había vuelto a México y me alegré tanto de verles, que me olvidé de todo. Ellos también iban hacia Munich y también se habían quedado tirados y dormían despreocupados, porque eran locos, y les adoraba.

Los minutos pasaron rápidos, y el tiempo que unas horas antes pasaba lento, ahora daba pasos de gigante, y veía como Simón se reía con mis amigos, y estaba feliz. En ese momento me di cuenta que mi vida no había cambiado tanto, no había perdido a mis amigos, y estaba exactamente en el mismo lugar en el que estaría aunque no hubiera conocido a Simón.; estaba más limpia, en lugar de llevar mochila llevaba maleta, iba a dormir de hotel y no a improvisar como ellos, pero estaba en el mismo sitio, en el mismo momento.

Se hicieron las seis, y ya en el tren, con los primeros rayos de sol entrando por la ventana, reí, con cualquier tontería que contaba Martín o con las expresiones de Sandra, qué más daba, reía porque era feliz, porque en ese vagón, estaba lo poco que tengo en la vida: mis amigos y Simón, y estábamos juntos, y felices.

10:48

Nos despedimos de los amigos de Laura, prometiendo que nos encontraríamos en las carpas al mediodía, y nos dirigimos a nuestro hotel en Augsburg.

La verdad, es que son gente muy maja, locos, como Laura, pero nobles, y sinvergüenzas, tanto que no les importa cantar en los trenes, ni invitar a las ancianas a bailar la conga. Me hicieron reír, y olvidarme por un rato de mi imagen, de mis complejos, de mis estupideces. Y viéndoles, me di cuenta que siempre se ha de hacer lo que a uno lo que apetezca, y que no importa que todo un vagón de tren te tache de loco.

Y ellos nos invitaron a comer jamón, que traía Sandra, y a beber cervezas y vi a Laura tan feliz, que por primera vez, me alegré de haber perdido ese maldito tren.
Teníamos pensado descansar dos horas, y así lo íbamos a hacer, pero antes, Laura tenía algo que decirme:

-“En verdad, no tenés tanta memoria”.

-“¿Por qué lo dices?”

-“Porque no te acordás de como nos conocimos”.


-“¿Cómo que no?, claro que me acuerdo, en la cola de los baños, en la carpa de Hofbräuhaus, me acuerdo como si fuera hoy”.


-“Si, eso sí, pero no sabes porque estaba allí”


-“Bueno, estabas con Martín, su otro amigo venezolano, ¿Cómo se llamaba?...

-“Raúl”.

-“Si eso, Raúl, y un grupo de alemanes también.”

-“Si, pero no has dicho porque estaba allí”.

-“Estabas como todos, supongo, para divertirte, ¿Por qué ibas a estar si no?”


-“Estaba allí porque el día antes, perdimos el último tren, y dormimos en la estación, y volvimos al día siguiente a las carpas y te encontré”

-“Tu sueles tener suerte cuando pierdes un tren” Dije con la más pícara de mis sonrisas. Ella hizo su típica mueca, de reproche, ya que eso para ella era una chulería, y odia mis chulerías. Sin inmutarse, siguió hablando:

-“Y me quedé los tres días que ibas a estar tu, mis amigos se fueron, y no me importó, porque vi algo en ti, en tus ojos que me dijo que me tenía que quedar”

-“No me dijiste que tú también te tenías que haber ido.”

-“No te lo dije, porque no me importaba. A la gente que es como yo no le importa tanto lo que tiene que hacer sino lo que siente que tiene que hacer, y a veces perdemos trenes." – Sonrió y sonreí.-“ Me conociste así, y así me has de querer”.

-“Y así te quiero”.

Y estuvimos dos horas en el hotel, pero no dormimos nada, ni falta que hizo.

2 comentarios:

Sabrina Martins dijo...

Me gustó la historia ...

Nando dijo...

Mira que jo em pensava que t'havia signat aquesta entrada. No ho havia fet, però per supost l'havia llegida i m'havia agradat, el conjunt. Gran idea la de coontar una història per parts, fa que entres cada dia a veure si hi ha un altre capítol.
Reconec a la història alguna anècdota i algún moment contats o fets per tú. Lo del tren a Bèlgica va ser un show (Botella va estar a no res d'unirse a tú)